Por qué tu marca no puede nacer sin ti

Por qué tu marca no puede nacer sin ti

Categoría

Branding

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5 minutos

Hay un malentendido muy común cuando alguien contrata a un diseñador de marca. El cliente llega con una idea, un nombre, quizás un par de referencias de Pinterest, y dice: «Hazme algo así pero mío.» Y el diseñador se va a su estudio, trabaja solo durante semanas, y vuelve con algo que técnicamente está bien hecho pero que el cliente no termina de sentir suyo. Eso no es branding. Es decoración por encargo. Una marca que no nace de adentro hacia afuera — de la historia real del negocio, de sus valores, de las personas que la van a vivir todos los días — es una marca sin raíces. Se ve bien en el mockup. Pero en cuanto la realidad del negocio la somete a presión, no aguanta.

Antes del primer trazo

Cuando arranco un proyecto de marca, lo primero que hago no es abrir Illustrator. Lo primero es entender qué está pasando: quién es el dueño, por qué decidió emprender esto, qué sabe hacer mejor que nadie, a quién le está hablando y por qué esa persona debería elegirle a él en lugar de a los diez negocios similares que ya existen.

Mi trabajo como estratega es organizar y traducir. No inventar.

El emprendedor, en la mayoría de los casos, ya sabe lo que quiere vender. Lo que no siempre tiene son las herramientas para transmitirlo con claridad. Sabe quién es, pero no sabe cómo decírselo al mundo. Ahí es donde entro yo — no a decirle quién tiene que ser, sino a ayudarle a articular lo que ya es.

Y del otro lado está el consumidor. Mi trabajo con él es asegurarme de que cuando llegue a esa marca, entienda de inmediato qué representa, qué valores tiene, por qué es diferente. Que sienta que esa marca habla directamente para él. Que pertenece a su tribu.

Dos responsabilidades. Un mismo proceso. Y ninguna de las dos se puede resolver solo desde el escritorio.

Marca nueva vs. rebranding

En una marca nueva el proceso es más abierto. Hay que construir desde cero la identidad de algo que todavía no existe. El emprendedor tiene energía, tiene convicción, pero raramente tiene claridad total sobre el cómo, el a quién y el qué viene después. Mi trabajo es ordenar todo eso antes de que aparezca ningún elemento visual.

En un rebranding el punto de partida es más rico. Ya hay una marca con trayectoria, con clientes reales, con un historial de decisiones que han funcionado o no. En esos casos me sumerjo en el día a día del negocio: cómo atienden, cómo hablan, por qué sus clientes fieles vuelven, qué los hace distintos aunque ellos mismos no siempre lo sepan articular. Todo eso existe ya — mi trabajo es sacarlo a la superficie y convertirlo en un sistema que comunique con claridad.

En ambos casos, el proceso es el mismo en esencia: escuchar, organizar, traducir. Y para hacer eso bien, necesito a los protagonistas dentro del proceso. No como validadores al final, sino como co-creadores desde el principio.

A lo Pixar

Pixar tiene una práctica que me parece uno de los mejores ejemplos de co-creación que existen, y no tiene nada que ver con diseño de marca.

Antes de hacer una película, el equipo va al lugar físicamente. Para UP, viajaron al Salto Ángel en Venezuela. Para COCO, se fueron a México a vivir el Día de Muertos de primera mano — las fiestas, los altares, los olores, las conversaciones. Lo mismo para LUCA, etc.

¿Para qué? Para que lo que aparezca en pantalla no sea una interpretación de segunda mano. Para que la gente que vivió esa realidad, cuando la vea representada, diga: “Eso es exactamente así.”

Una marca funciona igual. Cuando nace desde adentro — desde la historia real, desde las personas reales que la van a vivir — tiene una credibilidad que no se puede fabricar desde fuera. La gente lo nota. No saben siempre explicar por qué, pero lo sienten.

A escala de país funciona igual

La marca de la Amazonia Brasileña, desarrollada para el turismo de la región, es un caso reciente que ilustra esto a gran escala. El proyecto involucró a artistas, ilustradores, fotógrafos y comunidades de los nueve estados que conforman la Amazonia. La marca nació con sus protagonistas ya dentro.

El resultado no es solo un sistema visual bien ejecutado. Es una marca que la gente de esa región siente suya. Eso no se logra contratando a un estudio para que diseñe algo bonito desde una oficina en São Paulo.

Óleo sobre Lienzo: el caso que tengo más cerca

Ahora mismo estoy desarrollando la marca de Óleo sobre Lienzo, el obrador de Alberto. Y el proceso es exactamente este.

Cada decisión que tomamos — el nombre, los valores, la forma en que va a comunicarse con su cliente — nace de conversaciones reales con él. Yo organizo, propongo, cuestiono. Pero la materia prima es suya. Su forma de entender el producto, su relación con el territorio, lo que quiere que sienta el cliente cuando cuando escuche el crujir de uno de sus panes.

En definitiva, es su marca, no la mía. Quien tiene que darle continuidad es él. Si no se siente parte de lo que construimos, si no lo siente como algo propio, difícilmente lo va a defender con convicción cuando alguien le pregunte por qué su aceite vale lo que vale.

Por eso esa marca va a tener raíces.

Todo esto antes de la primera raya

Solo cuando el ADN de marca está claro — quién es, para quién, por qué existe, qué lo diferencia — es cuando apoyo el lápiz en el papel.

El logo no es el punto de partida. Es la consecuencia.

Y una consecuencia que nace de un proceso así tiene algo que ningún mockup puede fabricar: tiene una historia detrás. Una historia que el dueño puede contar, que los empleados pueden defender, y que el cliente puede hacer suya.

Eso es lo que convierte un dibujo en una marca.

Si estas ideas te hicieron ver tu marca de otra manera, hay más donde esto viene.

Cada dos semanas publico El Contenedor: una idea de branding o negocio que puedes usar sin equipo de marketing y sin presupuesto de corporación. Sin relleno. Sin listas de diez puntos.

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Autor

Ángel Montiel

Brand Designer

Me apasiona crear marcas y estrategias de creación de contenido para emprendedores.

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