Cuando vi el Ferrari Luce por primera vez, me chocó. Rompe la línea que trae Ferrari hasta ahora y mi reacción de los primeros segundos fue la misma de muchísima gente: esto no parece un Ferrari. Pero al rato me hice la pregunta y todo encajó. La pregunta no es «¿te gusta el Luce?». La pregunta es: ¿por qué Ferrari fue a buscar a Jony Ive para diseñar su coche eléctrico?
Lo mas seguro para la marca era coger el Pura Sangre, meterle motores eléctricos y sacar un Ferrari eléctrico que se pareciera a los demás Ferrari. Más rápido, más limpio, más caro, lo de siempre. Pero no hicieron eso. Fueron a buscar a un diseñador industrial famoso por hacer iPhones, iMacs y minimalismo utilitario. Una filosofía de diseño opuesta a todo lo que Ferrari ha sido hasta ahora. Esa decisión, en mi lectura, no es un cambio de diseño. Es un cambio de filosofía.
Las dos filosofías que chocan
Ferrari, hasta ahora, era una idea muy concreta. Coches que generan pasión visceral, coches que exudan velocidad incluso parados. El F40 — quizá uno de los coches más hermosos e icónicos de la historia — no tiene aire acondicionado y la puerta se abre con un cable. Todo en pro de ahorrar peso y ser más rápido. Esa es la filosofía Ferrari traducida en hierro: me importa un carajo el consumo de gasolina, nosotros hacemos coches que se ven rápidos aunque estén detenidos, y en movimiento son aún más rápidos de lo que pensabas. Y no estamos hablando de línea recta — estamos hablando de agarrar una curva como un coche de F1.

Jony Ive viene de un mundo completamente distinto. Tres décadas haciendo productos donde la estética y la utilidad pesaban exactamente lo mismo. ¿Alguien ha visto algo rococó por parte de Ive? ¿Alguien ha visto líneas extras en un iMac o en un iPhone — en su época claro — que no estuvieran al servicio de mejorar la experiencia del producto? Su filosofía es la opuesta a la de Ferrari: nada sobra, todo justifica su presencia, la estética está al servicio de la función. Es imposible que un diseñador como él no tenga una filosofía y que esa filosofía no permee en el resultado final. Que choque con la de Ferrari no es un descuido. Es el punto.
Por qué ahora — una marca que está leyendo a su audiencia
Ferrari no toma esta decisión en el vacío – quiero pensar yo -. La toma después de años leyendo a la vez dos cosas.
La primera, una generación nueva de compradores a la que la estética ya no le basta. Quieren la experiencia completa. Quieren que el coche también sea funcional, vivible, justificable. Y Ferrari ya viene moviéndose en esa dirección desde hace años, aunque no lo pareciera. El Pura Sangre — un crossover con ADN Ferrari — fue el primer movimiento serio. Y no sería la primera vez que la marca rompe con su propia continuidad: el salto de los coches curvos a las líneas rectas del F40 también fue, en su día, un cambio de filosofía. Esta marca tiene su historial de cambios.
La segunda, el contexto competitivo. Lotus con el Eletre. Porsche con el Taycan y el Macan EV. Mercedes con la línea EQ. BMW con la serie i. Todas las marcas grandes del coche europeo ya hicieron su lectura del eléctrico — algunas mejor, otras peor — y Ferrari tenía que llegar tarde con algo mejor o llegar tarde con algo invisible. Eligieron en mi opinión lo primero.
Y un tercer dato que casi nadie cuenta: Ferrari lleva años haciendo el coche más fiable y la propiedad más llevadera. El Genuine Maintenance Program te da siete años de mantenimiento programado gratis con la compra del coche nuevo. El Power Warranty extiende cobertura hasta dieciséis. El meme de «Ferrari rompe todo el tiempo» se aplica al recuerdo cultural de la marca, no al producto de los últimos quince años. Esto importa porque señala que Ferrari ya estaba leyendo el dolor de la propiedad mucho antes del Luce. El Luce es la siguiente capa del mismo movimiento — hacer el lujo más vivible, no solo más visceral.
No es un cambio de diseño. Es un cambio de filosofía.
Aquí quiero meter una segunda lectura encima de la primera. Porque hay dos formas de leer este movimiento, y las dos pueden ser ciertas a la vez.


La lectura optimista es que Ferrari está evolucionando. Que la marca está abriendo una nueva línea filosófica donde el lujo también puede ser útil, estético y arriesgado. Donde la pasión visceral convive con la experiencia armónica. Una evolución de adentro hacia afuera.
La lectura cínica — y me costó más reconocerla — es que Ferrari no está evolucionando. Está construyendo una cámara estanca para no tener que evolucionar el resto. El Luce absorbe toda la presión regulatoria, ecológica y cultural que el mundo le está poniendo a Ferrari, para que el 12cilindri, el 296 y los próximos LaFerrari puedan seguir oliendo a gasolina y sonando como aviones. Es el playbook de Porsche con el Taycan: crear una línea protectora para que el 911 no tenga que negociar consigo mismo. Ferrari está copiando esa jugada veinte años después, pero como es Ferrari, la está haciendo más teatral.

Y dentro de esa segunda lectura, Ive no aporta diseño — Ferrari tiene diseñadores industriales de sobra en casa. Ive aporta dos cosas que Ferrari no tenía: señalización inequívoca de que esto es otra conversación («este no es el Ferrari de siempre») y legitimidad con un comprador post-iPhone que necesita una historia para justificar el lujo. El millonario tech que tuitea no se siente del todo cómodo diciendo «me compré un Ferrari». Pero «me compré el Ferrari diseñado por Jony Ive, eléctrico y útil» se twittea solo. O se equis-ea, o como se llame ahora. El Luce es lujo con coartada incluida, y Ferrari entiende de teatro como pocos.

No tengo claro cuál de las dos lecturas pesa más. Probablemente las dos a la vez. Pero hay una conclusión común que no se va a ir: no trajeron a Ive para hacer un LaFerrari 2 eléctrico. Lo trajeron para que rompiera la continuidad por dentro y le diera a una parte del mercado el permiso de comprar Ferrari sin sentir que se vendía a la pasión visceral. Si eso es evolución o supervivencia, lo vamos a saber con los años.
El día de la presentación, la acción de Ferrari cayó en bolsa. El mercado habló, y lo primero que dijo fue incomodidad. Pero la incomodidad inicial no es un veredicto: va a pasar lo mismo que pasó con la Cybertruck. Todos la criticaron hasta el cansancio, y el preorder se agotó en una semana. Hoy, ver una por la calle es motivo para sacar el móvil y echarle una foto. El Luce, en mi apuesta, se va a agotar. Puede que me equivoque. Pero creo que es un statement que abre un paradigma nuevo de productos Ferrari — productos racionales dentro de lo irracional y visceral que existe en el resto del lineup.
Y, sobre todo, creo que es la prueba de algo más grande que el coche: una marca grande es la que se atreve a romper con su propia tradición cuando esa tradición ya no le sirve para hablarle a quien tiene que hablarle. Eso, en branding, vale más que cualquier logo.
Si quieres llevar estas ideas a la práctica, suscríbete gratis al Contenedor en mostay.co/elcontenedor. Cada lunes te llega un correo con el lote completo — un caso real del estudio, un tip técnico que no publico aquí y ejercicios para aplicar en tu marca esa misma semana.
Ángel Montiel
Brand DesignerMe apasiona crear marcas y estrategias de creación de contenido para emprendedores.